Manejar un taxi Nueva York mejor que tener trabajo en una oficina
NUEVA YORK (Reuters) - Ella es una neoyorquina de baja estatura, que habla rudo y estaba cansada de su trabajo de oficina, así que cuando Melissa Plaut fue despedida decidió que era momento de una aventura, conduciendo uno de los famosos taxis amarillos de la ciudad.
Las mujeres representan el 1 por ciento de los 44.280 conductores de taxi de la ciudad de Nueva York, también conocidos como “hacks.”
Por los tres últimos años Plaut, de 32 años, ha sido una de ellos, conduciendo el turno nocturno principalmente alrededor de Manhattan y haciendo viajes ocasionales a los otros famosos distritos de la ciudad, Brooklyn, Queens y el Bronx.
“Quería tener una vida interesante, supongo,” dijo a Reuters durante una entrevista en su vehículo. “Que mejor manera de comenzar a tener aventuras que poniéndose tras el volante de un taxi amarillo en Nueva York.”
Ahora Plaut ha escrito sobre su experiencias en el libro “Hack: How I Stopped Worrying About What To Do With My Life And Started Driving A Yellow Cab.”
La traducción literal del título sería “Hack: Cómo Deje de Preocuparme Sobre Qué Hacer Con Mi Vida y Comencé a Conducir un Taxi Amarillo,” publicada por la editorial Villard Books de Random House.
Cuando su padre le regaló una cámara digital para su cumpleaños número 30, Plaut comenzó a tomar fotografías de lo que veía detrás del volante, incluyendo congestiones de tráfico, conductores que le cortaban el paso, el paisaje y a veces a sus pasajeros.
Ella comenzó a subir éstas imágenes en un blog, http://www.newyorkhack.blogspot.com, y en cuestión de meses sus comentarios directos, sobre sus experiencias laborales comenzaron a recibir miles de visitas.
Sólo fue cuestión de tiempo antes de que consiguiera un acuerdo editorial para convertir su blog en un libro.
En éste narra historias como cuando fue perseguida por un policía fuera de servicio que sufría un caso de “furia al volante” o cuando enfrentó a un grupo de adolescentes en un restaurante luego de que se negaron a pagarle.
En el libro también describe las reuniones con sus colegas taxistas en el garaje de la compañía para la cual trabajan.
Plaut no es una figura imponente, de hecho, es lo suficientemente pequeña para necesitar un cojín en el asiento del conductor. “Este me ofrece un poco de altura,” explicó.
Pero ella dice que nunca se sintió amenazada en su trabajo.
“Nunca pase por algo realmente atemorizante. Lo único semejante fue un sujeto usando un pasamontañas que yo creí que se lo iba a sacar,” dijo Plaut. “Tal vez fue estúpido de mi parte haberlo recogido, pero lo hice de cualquier modo y no se lo sacó durante todo el viaje.”